Cuando te despiertes en la mañana, pasa los primeros 30
minutos organizando tu día y listando todo lo que debes hacer (y jerarquiza lo
más importante primero).
Si no tienes tiempo, levántate más temprano, o aprovecha el
domingo por la tarde para organizar toda la semana que tienes por delante. Nunca empieces tu jornada diaria hasta que no tengas todo
bien planeado. Primero haga una lista de todas las tareas y luego categorícelas según su
importancia. Luego descomponga los proyectos grandes e inmanejables en
tareas “realizables”, no sólo serán menos intimidantes, sino que le resultarán
objetivos fáciles de alcanzar. Siempre que te sea posible, organízate antes para no tener
que hacer las cosas a última hora y que te resten tiempo. Algunos ejemplos son preparar la ropa para ir a trabajar al
día siguiente, dejar la comida lista para calentarla por la noche y cenar, o
buscar todos los materiales que necesites antes de empezar una tarea.
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminar